Los trazos quebrados, ondulantes, cortos o largos de Van Gogh nos van
adentrando en el paisaje, entre los luminosos campos de trigo, donde
descubrimos a un campesino con su carro; entre las copas de los árboles
con sus movidos arabescos, o en lo alto de las casas con sus rústicos
tejados. Y llegamos hasta el cielo, a esa estrecha franja de intenso
azul y de nubes a la que ha quedado reducido de la mano del pintor… Cada
una de las pinceladas de Van Gogh es una muestra de su estado
emocional, un baile de líneas y manchas que, como en una perfecta
coreografía, nos permite movernos con él y compartir toda su fuerza y
energía, sus sentimientos encontrados de libertad, que disfrutó en esos
amplios y fértiles sembrados, y la profunda melancolía y soledad que le
llevó a acabar poco después con su vida.
#laluzdelapintura, con la colaboración de Endesa España. #25añosThyssen
comentarios haciendo clic aquí

